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Cazando ovnis en los cielos de General Rodriguez



Hace años atrás pensaba que investigar fenómenos sin explicación iba a conducirme a la verdad.

Era – y soy – un rebelde del sistema establecido, y no podía aceptar nunca los postulados materialistas de la ciencia oficial. Por eso quizá, o porque me fascina la fantasía, fui en busca de relatos sorprendentes.

Hasta hace poco decía que aquello había sido una pérdida de tiempo. Hoy reflexionó mejor. Nunca hubo algo más bello que ir a investigar un misterio.

Pese a que tuvieran explicaciones, pese a que no me los creyera todos los relatos, pese a que forjaron mi escepticismo, en el fondo daban y dan sentido a la vida. Nos muestran esa faceta humana tan proclive a la fantasía.

Es volver a creer, al menos por un segundo, en la magia.



CAZAOVNIS EN BUENOS AIRES

Durante meses fui a aquella radio. Quedaba lejos. Así y todo, no importaba.

Era viajar en tren un buen trecho, pasar por zonas marginadas a altas horas de la noche, y recalar en un mini estudio de radio en Ituzaingo. Lo conducía Asdrúbal Acosta.

Asdrúbal era uno de esos hombres que pensaba que si los contactados a través de la telepatía mentían, él sí podría establecer contacto con ovnis a través de la tecnología.

Tenía la idea, desbordante de fantasía , de que con luces apuntando al cielo, podía establecer algún tipo de lenguaje morse con los ovnis.

Una vez fuimos a General Rodríguez, a las afueras de Buenos Aires, a comprobar esta teoría. Y esperamos, impacientes, la aparición del ovni.

No estábamos solos. Había venido el nutrido equipo de Infinito (Señal de Cable), con Erna Acuña encabezándolo, a filmar lo que sucediera. Y como para menos, Asdrúbal prometía un encuentro cercano del tercer tipo con los ovnis (quizá "prometer" es una palabra equivocada, pues Asdrúbal nunca prometió nada, fue prudente).

Esa noche, todos estábamos viendo a las estrellas. Yo había hecho la tienda de campaña a metros de donde había un arsenal de equipos de todo tipo: medidores de humedad clavados en el piso, detectores de magnetismo, una computadora registrando el cielo y la posibilidad de satélites intrusos, etc.



Así y todo, bien entrada la noche, con un frío terrible calando los huesos (hubo que improvisar, y dado que el frío se colaba por las suelas de mis botas, tuve que aislarme del piso con tergopor) todos los presentes miramos el cielo y descubrimos lo que parecía ser una luz inusual.

Empezaron los “oh, ¿qué es eso?”Se dirige hacia acá”, “Enfócale con el reflector Asdrúbal” , etc.

Alelados, todos vimos el negro firmamento.

Entre las estrellas una luz se distinguía por el resto. Venía hacía nosotros. Por un segundo, por una milésima de segundo, creo que todos confiamos en lo que Asdrúbal estaba haciendo. Pero aquello pasó raudamente, y las luces que parpadeaban debajo nos bastó para saber que habíamos confundido un avión con un ovni.

¿Qué se puede esperar cuando hay tanto anhelo y entusiasmo en ver algo?.


LA MANIA DE CAPTURAR RODS

Imagen de un Rods
Los rods son una especie de objetos no identificados que pasan tan raudamente que no se ven a simple vista.

Pero un escrutinio a través de la cámara (cuadro x cuadro) los puede hacer visibles.

Así pensaba hace años cuando solía apuntar mi cámara al cielo en busca de tales “artefactos”.

Una vez capturé una forma ovoide que dio un giró extraño. Estuve convencido por un buen tiempo que era un ovni o rods.

Luego, a medida que fui cultivando mi cabeza con lecturas aquí y allá me di cuenta la confusión que tenía. Aquellas trazas capturadas no eran otra cosa que condensaciones o, peor aún, insectos que pasaban a la distancia necesaria para que el sol los difuminara en brillos y creyera ver otra cosa en su paso raudo.

Pero a través de la investigación de campo uno avanza en el descubrimiento y se asienta en el escepticismo.

Hoy probablemente seguiría yendo a investigar aquellos misterios, pero con otra mirada, y con otra expectativa.

Una que me susurra muy suavemente, pero con insistencia, que sí estamos solos...