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El monstruo de Florencia y los conspiranoicos



Hace tiempo no me llamaba la atención un libro como El Monstruo de Florencia. 

Y ello se debe a que, por más que en los últimos tiempos me vengo armando de paciencia, no hay muchos libros que logren deslumbrarme o cautivarme.

Se debe, principalmente, a que desde el primer capítulo puedo adivinar de qué irá la novela, y, por las herramientas literarias empleadas, saber los clichés o muletillas acostumbradas. 

Pocos libros rompen con esto. Pocos no son predecibles. Por eso, los Non Fiction tienen esa cuota de impredecibilidad que tanto me agrada. Retratan la vida, y la vida es impredecible. 

El Monstruo de Florencia fue un libro que me atrapó desde el primer instante.

Muy bien narrado por Douglas Preston – el autor de la novela The Relic, cuya trama se hizo popular con la película del mismo nombre – y en colaboración con el periodista Mario Spezi, la novela narra cómo investigar un crimen a manos de un asesino serial, se convirtió en una lucha con altos funcionarios con tendencias conspiracionistas. 

Estos funcionarios abrevaban de un Blog de una mujer totalmente paranoica, e hilvanaban tramas oscuras y siniestras en torno al satanismo en los crímenes del Monstruo. 

Así, los encargados de llevar a buen término la investigación desecharon la llamada “pista sarda”, que era mucho más racional y con base en pruebas empíricas , y decantaron por una teoría irracional con fondos conspiracionistas donde incluían sectas satánicas lideradas por hombres ocultos en las sombras, ocupando puestos jerárquicos en la alta sociedad. 

A tal punto que a Preston se le prohibió la entrada a Italia, y a Spezi lo arrestaron como si fuera un terrorista de estado culpándolo de ser nada menos que el Monstruo: o bien de desviar la investigación conspiracionista hacia la “pista sarda”. 

¿Quién fue el monstruo de Florencia?. 

Todo apunta a cierto joven, del clan sardo, hijo de un bandolero, y que en el libro se brinda detalles sobre su perfil psicológico. 

 Este asesino sufriría de impotencia sexual y como forma de gratificación disparaba a las parejitas que fornicaban en los campos de Florencia, en zonas boscosas en soledad. 

 A las mujeres, no sólo les disparaba: les removía el pubis y la vagina, que se llevaba como trofeo.

Las arrastraba fuera del coche – en donde había terminado de copular la pareja - y ahí procedía a mutilarlas. 

En un caso, rebanó un pezón y lo envió por correo con una carta burlándose. Recomiendo el libro a todos aquellos a quienes les interese el caso de uno de los más terroríficos asesinos seriales de la historia Italiana.





Y también, para ver cómo el pensamiento irracional, en manos de gente de rango elevado, puede evitar que atrapen a un desalmado asesino y hacer que inocentes pugnen sentencias por crímenes que no cometieron.

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