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El descubrimiento de vida en Venus y la visión profética de Carl Sagan

 


Y Carl Sagan hubiera dicho: “os lo dije”

Hace 50 años atrás el astrofísico había advertido de la posibilidad de vida en Venus. En 1967 en un artículo publicado en Nature, titulado Life on the Surface of Venus? que él mismo resumía explicando que “observaciones recientes arrojan luz sobre la atmósfera, la superficie y la posible biología del planeta más cercano”, nos explicaba:


El planeta Venus está envuelto por nubes que impiden el examen telescópico de su superficie. En ausencia de observaciones directas, se han aducido razones para proponer una variedad de condiciones superficiales diferentes y mutuamente consistentes.

Ningún microorganismo terrestre conocido puede sobrevivir más de unos minutos a la exposición a 600 K; las proteínas se desnaturalizan, el ácido desoxirribonucleico se despolimeriza e incluso pequeñas moléculas orgánicas se disocian en breve períodos de tiempo. Las temperaturas en los polos de Venus probablemente no sean más de 100 K más frías que la temperatura planetaria media, y parece bastante seguro que los organismos terrestres depositados en la superficie del planeta morirían rápidamente. En consecuencia, parece que hay poco peligro de contaminación de la superficie de Venus.

Sin embargo, las condiciones son mucho más favorables en altitudes más altas, especialmente justo debajo de la capa de nubes, y existe la clara posibilidad de contaminación biológica de la atmósfera superior de Cytherean. A temperaturas tan altas y en ausencia de agua líquida, parece muy poco probable que existan organismos superficiales autóctonos en la actualidad. Si la vida basada en la química del carbono-hidrógeno-oxígeno-nitrógeno alguna vez se desarrolló en la historia temprana de Venus, debe haber evolucionado posteriormente a nichos ecológicos subterráneos o atmosféricos.

Sagan contaba que “si se agitan pequeñas cantidades de minerales hacia las nubes desde la superficie, no es difícil imaginar una biología autóctona en las nubes de Venus. Si bien las condiciones de la superficie de Venus hacen que la hipótesis de la vida allí sea inverosímil, las nubes de Venus son una historia completamente diferente”.

Imagen que muestra la zona atmosférica templada en la que podrían existir microbios aéreos en Venus.  Imagen: Jane S. Greaves et al., 2020.

Imagen que muestra la zona atmosférica templada en la que podrían existir microbios aéreos en Venus.

Imagen: Jane S. Greaves et al., 2020.

Y en efecto, en la capa de 50 Km en la parte superior de las nubes existen las condiciones hospitalarias semejantes a la Tierra para la formación de vida.

 “El trabajo de Sagan en Venus fue formativo, aunque pocos recuerdan hoy su impacto”, contaba hace unas horas a Mashable Darby Dyar, presidente del Grupo Asesor de Exploración de Venus de la NASA.

Su idea era profética, y todavía tiene sentido hoy: entre las condiciones infernales de la superficie de la actual Venus y el casi vacío del espacio exterior debe haber una región templada donde la vida pueda seguir viviendo”.

Y en efecto, así ha sido comprobado en las últimas horas. En una publicación en Nature localizaron fosfina, que, se sabe, se produce en la Tierra casi exclusivamente por microorganismos anaeróbicos, o sea, criaturas que prosperan en ambientes libres de oxígeno.

Ahora bien, los autores del artículo, dirigido por la astrónoma Jane Greaves, no afirman que la fosfina detectada sea evidencia de vida en Venus.

Pero sí que la presencia de la fosfina ahora demande una respuesta. Porque podría ser producida por procesos químicos desconocidos; o quizá por la vida misma.

Para los “contactados”, que pensaron siempre que Venus albergaba vida inteligente, y de ahí las historias de los venusinos que nos visitaban como Billy Meier popularizó en la década de los 70, este hallazgo se hará revelador.

Aunque esa vida sea un compuesto químico flotando a la deriva en la atmósfera venusina.

Como señalan los autores del artículo, la presencia de fosfina en la atmósfera de Venus se podría explicar de diferentes maneras: actividad volcánica, micrometeoritos, rayos y procesos químicos dentro de las nubes.

De hecho, si calientas ácido fosfórico produces fosfina. Aunque esto fue descartado porque las  “temperaturas y presiones requeridas necesitarían de condiciones bastante poco realistas, como una atmósfera compuesta casi en su totalidad de hidrógeno”, mencionaron los autores del estudio.

Y es cierto, que los rayos y micrometeoritos también producen fosfina, pero en tasas muchísimo menor de lo observado en Venus. Y si bien en otros planetas, como Jupiter y Saturno, también se encuentra fosfina, se sabe que se forma por condiciones ambientales extremas, como altas temperaturas y presión del aire, las cuales, por supuesto, no se replican en Venus.

Creo que Andy Skemer, profesor asociado de astronomía y astrofísica en UC Santa Cruz, nos lo resume:

“Los planetas pueden producir fosfina a través de procesos atmosféricos y geológicos ordinarios. Pero los procesos conocidos no funcionan para Venus, por lo que debe haber un proceso que no hemos considerado todavía”.

Habrá que investigar su origen real.

¿Será como sugieren por ahí que  “la biología en la atmósfera podría ser los últimos miembros supervivientes de una biosfera venusiana anterior”, es decir, cuando albergaba océanos el planeta hace unos 1.000 millones de años?

FUENTES:

https://www.nature.com/articles/s41550-020-1174-4