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Los Sadhus y el camino a la iluminacion



Probablemente de todas las creencias, la más insana y horrenda sea la de los Sadhus en India.

Y es que esta clase de ascetas hindúes dedican su entera existencia a la meditación y a alejarse del mundo, en todo sentido, con tal de poder esquivar el ciclo de la reencarnación y lograr el ansiado Nirvana, pero lo hacen yéndose a los extremos.

Los Sadhus son viajeros por excelencia. Jamás permanecen mucho tiempo en un mismo lugar. Son estrictos con todo: desde sus rezos y penitencias, hasta su comida vegetariana.

En su camino al máximo ascetismo lo han dejado todo: familia, placeres, la chance de tener hijos (pues tenerlos alargaría el ciclo de reencarnaciones).

Es tanto el abandono de estas personas que en muchos casos celebran su propio funeral. E incluso más: el estado de India lo reconoce y los decretan como muertos vivientes.

Debemos pensar que unos 5 millones de personas en India son Sadhus para ver cómo viene la mano en este asunto de creencias. Quizá, la razón de tan notable pobreza en un país con tantos desfiles religiosos.

La mayoría viven en cuevas, templos, bosques, y se alimentan en virtud de la bondad de los que quieren darle de comer.

Un hindú que se precie de tal tiene por meta ser Sadhu. Porque primero se es estudiante, padre, peregrino, y por último, Sadhu.

Los intentos para evadirse el destino kármico y reencarnacionista parece no tener límites con estas personas. Entre tantas restricciones al menos se permiten fumar hachís en pipa de vez en cuando.






LOS TIPOS DE SADHUS

Existen varios de estos ascetas. Están los Changing, adoradores del Dios Vishnú. Suelen pasearse golpeando una enorme caracola, persuadidos de que tal sonido es la música de la creación y que, como tal, están llamando a su Dios.

Luego están los Nagas. Su aspecto es desagradable pues siempre van desnudos y se cubren con cenizas sagradas, dejándose las rastas bien largas con unos moños conocidos como “jata”.

Ya de niños están marcados por este designio.

Sus propios padres los entregan a sus gurúes y los esclavizan durante años. Luego, al finalizar su esclavitud, se convierten en maestros.

Pero quizá los ascetas más sacrificados de todos sean los Khareshwari. Y es que, durante unos 12 años no se sientan ni se acuestan!.

Reposan como pueden, con un arnés, con una pierna a la vez.

Es evidente que tal sometimiento tiende a atrofiarles las piernas, dejándoles úlceras, deformándoselas como si fueran ramas de árboles (el árbol es el símbolo de su austeridad, por algo será que también usan bastones para poder sostenerse en pie.)










LO OPUESTO A DEJARLO TODO

Los Aghoris. No dudo que esta clase de ascetas, aunque no reconocidos por el Hinduismo como tales, son los que más horror me causan.

Han invertido la balanza en esto de evadir el ciclo de renacimientos. Y hacen todo lo contrario a los demás. Se dan a los excesos de todo tipo. Toman alcohol, drogas, opiáceos, alucinógenos, y se pasan teniendo sexo todo el tiempo.

Pero esto no es todo.

Estos hombres practican el necrocanibalismo. Es decir, se pasean por los bordes del Ganges, los crematorios, y recogen los restos humanos que quedan a la deriva. Luego los devoran.

Se creen que tienen poderes mágicos, como curar enfermedades o evitar el envejecimiento, por tal motivo son muy populares en las regiones rurales. Se los mira con respeto -tal vez miedo agazapado- pese a lo que hacen.

Suelen caminar con un cráneo de algún fallecido colgándolo al costado, el cual usan a modo de cuenco para beber las aguas que encuentran. Están persuadidos que vivir entre la muerte, rodearse de la muerte, y darse a los excesos no es profano ni están mal.

Por eso no se bañan nunca, llevan el cabello profusamente sucio y desgreñado, repleto de huesos de restos humanos. Su símbolo es el tridente. Y no les hacen asco a nada, absolutamente a nada.

Por poner un ejemplo, cuando merodean los crematorios, a la pesca de algún resto en alguna pira funeraria, suelen buscar prostitutas para mantener sexo cuando estas están con el periodo menstrual. Y al hacerlo, les agrada también consumir excrementos y orines de humanos o de perros.

Y cómo imaginarán, la forma de meditar favorita de estos ascetas es sentados encima de algún cadáver. No exagero. He visto videos horrendos de esta práctica. No los incluyo para no menoscabar el contenido de esta web.

Llegar a ser Aghoris no es sencillo. Debes tolerar unos 12 años viviendo en tierras de muerte, allá donde se creman los cadáveres. No es tanto, si suponemos que los Khareshwari no se sientan ni acuestan en este mismo tiempo.

Evidentemente a los Aghoris no les asusta nada, ni los fantasmas, ni espíritus, ni nada de lo que la gente cree que existen en tierras de muerte, pero sí pasarse de pie todo el día y no poder sentarse o acostarse.

Su renunciamiento es tal que optaron por desistir de la dignidad. Y cuando se enfrentan con otros grupos de creyentes, hacen valer su fe con sus tridentes, generando auténticas carnicerías entre los creyentes.

Quizá sea esto, además del mal olor y sus excesos, lo que los hacen respetables después de todo. Que son violentos fanáticos.











CONCLUSIÓN

¿Qué podemos concluir de tan tormentosa creencia? Además de lo que está a la vista, del desprecio por sus propios cuerpos y valores humanos, estos ascetas pretenden alcanzar una meta que no es otra cosa que una ilusión.

De niños, ya con las mentes lavadas por sus padres, en un país donde todos creen a pies de juntillas en la reencarnación, donde el nivel de pobreza alcanza el extremo, ¿qué otra cosa les puede deparar el destino que convertirse en ascetas y al menos, siguiendo esa línea acorde a su filosofía de vida, lograr una meta ficticia, como toda meta espiritual, ya que las materiales son inaccesibles para los Hindúes?.

El mundo es rico, cada país también lo es. Pero son las creencias las que destruyen a las personas y las naciones. Una simple creencia en Dios puede ser fatal. Y una simple creencia llevada al extremo, como la reencarnación, ofrece este panorama realmente devastador.

Pobres de ellos – como diría el profeta – que no saben lo que hacen. Y pobre de los occidentales que, bajo la frase de rigor de que "es otra cultura, hay que respetarlos", hacen tours a India para vestirse de hindúes, se pintan dibujos en la frente, y creen que así lograrán lo que estos pobres diablos logran.

Pero ellos han renunciado a algo infinitamente valioso. Y no se dan cuenta. Porque así fueron críados. Renunciaron a vivir con dignidad. Son esclavos de sus creencias.