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¿Funciona la homeopatia realmente?


Hace años atrás, empujado por una amiga, decidí meterme en este asunto de la homeopatía

Nunca, hasta ahora, quise escribir al respecto. 

Quizá porque quería nutrirme de mayor información, quizá porque no me interesó el tema para incorporarlo.

Como sea, hoy decido rescatar lo poco o mucho que sé al respecto. Y vamos, que a unos les agradará, y a otros les “picará”.

Según la persona que conocí, la homeopatía le había salvado de un cuadro de asma al hermano. Y no sólo eso. A su mascota, un Ovejero Alemán, le había curado de un problema infeccioso en las orejas. (Sabido es que dichos perros arrastran con esa enfermedad por predisposición genética.)

Unas soluciones en pastillitas, parecidas a caramelos, le curaron todos los males. Y claro: insistió en que probara yo aquel remedio para un mal que por entonces me tenía estragado el estómago.

Yo pensé lo que afirmó en su día Valentín Romero, presidente de la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH): “Un gato no puede sufrir el efecto placebo”.

Pero claro, al afirmar ésto no tiene en consideración las remisiones espontáneas, y el hecho de que el preparado es agua y azúcar, ya que no existe ningún principio activo.


MI INCURSIÓN CON LOS HOMEÓPATAS

Fui a la consulta en la sede argentina de Homeopatía que queda por Barrio Norte, justo enfrente de una Farmacia que prepara dichos compuestos.

Me atendió una mujer que , sin siquiera examinarme físicamente, sin hacerme estudios de ninguna clase, (únicamente me preguntaba cosas superfluas, como por ejemplo: de qué lado dormía, si me molestaba la lana, etc) concluyó cual era mi problema y , a continuación, me recetó unas pastillitas con el nombre “Sulphures” que mitigarían mis dolores abdominales.

Y como cualquier crédulo que se precie, consumí dichas pastillitas de forma diaria, según la prescripción médica. Mi amiga me insistía en la jerga médica homeópata: de que para curar una enfermedad hay que ir a la raíz del problema, y los alópatas no saben eso, porque “curan la superficie”.

Pero el tiempo pasó y nada. No me curé de nada. No sirvió nada más que para seguir adolorido con mi problema. Al poco, sané a base de una dieta rica en fibras, unos medicamentos nutritivos, en suma, lo que cualquier alópata despreciado por los homeópatas me pudo dar y de hecho así fue.

Lancé las pastillitas azucaradas caza-bobos al inodoro.




POR QUE DICEN QUE SE CURAN

Como bien señala Roxana Kreimer, Licenciada en Filosofía y Doctora en Ciencias Sociales, existe la “evidencia anecdótica”: el relato de las personas que creen haber sido curadas.

He de suponer que esto ayuda a asimilar de mejor manera el efecto placebo que genera la ingestión de esas pequeñas píldoras de agua y azúcar.


LA HISTORIA DE LA HOMEOPATÍA

Nace hace unos dos siglos. Y la idea que subyace en esta medicina alternativa es que “ lo similar cura a los similar” (Homeopatía: del griego ὅμοιος homoios, ‘similar’ y πάθος pathos, ‘sufrimiento’) Es decir, una sustancia que provoque los síntomas que se padecen puede llegar a curar. Y cuanto más reducida sea la dosis mejor.

Y los creyentes en la homeopatía señalan las vacunas: sí en las vacunas hay un principio de la propia enfermedad para curarla, y sirven, en la homeopatía se rigen de igual manera. Pero esto es una equivocación enorme porque no se considera que la homeopatía se basa en tantas diluciones de la sustancia clave que de ésta ya no queda vestigio.



CONCLUSIÓN

En pleno siglo de tecnología, la homeopatía sigue sin ser aprobada científicamente. Y ello se debe en gran medida a los estudios que la refutan. Por ejemplo, en The Lancet salió un estudio que compara 100 ensayos homeopáticos con 110 de medicamentos alópatas. Y el resultado es irrefutable: los ensayos homeopáticos, amen de no quedar trazas de la sustancia elemental, sólo sanan por efecto placebo, en donde la fe del paciente, las historias que oyó, las creencias personales, entran en juego.

Ahora bien. También están los suicidas de la homeopatía. Los escépticos que se dan sobredosis de productos homeopáticos para demostrar que no funcionan para nada.

El próximo 21 de abril habrá uno en Buenos Aires, organizado por el Círculo Escéptico Argentino.

En un país donde estos preparados a base de agua y azúcar son vendidos como auténticos medicamentos, no vendrá para nada mal.