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Paul Bernardo y Karla Homolka: la pareja perfecta en crueldad


Tenía una fantasía muy popular: contar con un séquito de mujeres a las cuales someter. Lo suyo era el sadomasoquismo, y el sexo duro. 

Así era Paul Kenneth Bernardo, cuyo vulnerable nacimiento un 27 de agosto de 1964 (un virgo, para los astrólogos) en nada presagiaba el destino de muerte de las mujeres con las que se cruzara. 

Paul era carilindo, un hombre atractivo desde joven. Las mujeres lo miraban pasar por las calles y se volteaban. Era alto, rubio y de ojos claros. Tuvo muchas novias enseguida, sin dificultad. 

Paul y Karla de niños.
En 1987 se recibe de contador, y ese mismo año, Paul comete su primera violación en Scarborough, Canáda. 

La chica tenía 21 años. La había estado siguiendo un buen rato hasta que se decidió atacarla frente a la casa de sus padres. Allí la golpeó tan duramente que la dejó inconsciente. Luego, la violó vaginal y analmente. 

Así era Paul. Lo criminal. Un violador. 

Pero su escala de violencia no hacía sino empezar. 

Las muchas frases con las que apiñaba su habitación referidas a superación personal no servían de nada ante su locura. 

Y cuando conoció a Karla Leanne Homolka todo se deslizó hacia la más pura maldad. 

SU FUTURA ESPOSA 

Karla Leanne Homolka nació un 4 de mayo de 1970 (Tauro para los astrólogos) en Canadá. No hubo nada en su vida infantil que podría haber ocasionado algún trauma. Ella amaba los animales, trabajaba en una tienda de mascotas, y fue en dicha tienda donde conoció a Paul por vez primera. 

Un 17 de octubre de 1987, con diecisiete años, conoció a Paul Bernardo, de veintitrés. De inmediato se sintieron atraídos. 

Aquel casanovas sintió que era una chica diferente a las que estaba acostumbrado a tratar. Y la relación no tardó en florecer. 

Su relación se basada en un apasionado sexo y una codependencia que, sin saberlo ambos, estaba delineando el destino de las futuras víctimas que apenas se bosquejaban en la mentalidad perversa de Paul. 

LA VIDA JUNTOS 

A la vista de todos eran la pareja perfecta. El Ken y la Barbie. Él, el príncipe azul encarnado, y ella la bella durmiente. Durmiente en el sentido que su pareja era un depredador, un feroz violador. 

El problema de Paul era que padecía adicción al sexo.



Necesitaba mantener sexo continuamente de manera sistemática. Era un compulsivo. Y no se bastaba con el orgasmo logrado por vías tradicionales. Necesitaba infringir dolor en su víctima para excitarse y lograr la máxima plenitud. 

A la larga, el sexo con Karla le pareció aburrido. No llegaba a colmar sus ansias perversas. 

Por eso, durante un tiempo, y mientras estaban en relación, Paul siguió cometiendo violaciones en los alrededores de Scarborough. 

ESPIRAL DE VIOLACION SIN FRENO 

Apenas habían transcurrido diez días de la violación que de nuevo Paul sintió deseos de sexo no consentido. La chica tenía 19 años y estuvo una hora a merced de Paul. 

Esto sucedió el 14 de de mayo. El 27 de julio, Paul intentó su tercera violación pero la joven se resistió, le pegó y lo rasguñó a Paul y pudo evadirse. 

Las acechaba, las seguía, y las violaba a la menor oportunidad. Nadie podía advertirlo, y esa impunidad le ayudaba a continuar escalando en violencia. 

Su tercera finalmente fue una chica de 15 años a la que abusó durante media hora. Su cuarta víctima (quinto ataque) fue una chica de 17 años a la que amenazó con un cuchillo, arma usual que esgrimía ante sus presas humanas. 

Al poco, y como era natural, los medios empezaron a dar publicidad del tema y se lo conoció como “El violador de Scarborough”.

Hubo retratos robot confeccionados por sus víctimas, pero nada. No lograron dar con su paradero. Debido a la publicidad mediatica, decidió atemperar sus instintos, y conformarse con el sexo con Karla. 

Durante meses pasó inactivo. 

Pero el 18 de abril de 1988 no pudo con su genio y volvió a atacar. 

Era la quinta violación (sexto ataque) que logró llevarla a cabo durante 45 minutos. Y pese a que estuvo a punto de ser atrapado el 25 de mayo por un investigador de civil que le pareció sospechoso y lo siguió sin lograr atraparlo, el 30 de mayo mismo cometió otra violación: la sexta, a una joven de 18 años. 

Estuvo con ella cerca de 30 minutos. Y otra vez nadie vio nada, y otra vez, se camufló en las tinieblas. 

Todas sus víctimas eran violadas vaginal y analmente, también las golpeaba hasta desmayarlas. 

LA VIDA DE KARLA HOMOLKA 



Karla fue contratada como asistente en una clínica veterinaria en 1989, en la ciudad de Thorold. Pero no duró mucho tiempo y comenzó a trabajar en la Clínica Animal Martindale, dejando la Universidad sin cursar estudios superiores. 

El 24 de diciembre de ese mismo año Paul le propuso casamiento y se convirtieron en marido y mujer. 

Ella estaba rebosando de entusiasmo, enamorada del “romántico” de su novio. 

SOBREPASANDO SUS LÍMITES 

Elizabeth Bain
Como era de esperarse, en la escala de violencia es inevitable la superación de peldaños hasta llegar al crimen. La impunidad ayuda. 

Por eso, el 17 de junio de 1990 que Paul se superó a si mismo. 

Su nueva víctima, Elizabeth Bain, era una joven que conoció en la Universidad de Toronto. 

No se trataba de una desconocida. Y muchos testigos los vieron juntos. La chica desapareció y días más tarde su cadáver fue hallado en las afueras de la ciudad. La habían vejado salvajemente y estrangulado hasta la muerte. 

Enseguida encontraron un sospechoso: un muchacho de nombre Robert Baltovich. Fue condenado por la muerte de Elizabeth. Durante 10 años luchó por su inocencia y al final la logró en 2000. 

COMIENZAN LOS CRIMENES IMPUNES 

Foto Tammy Homolka

Una vez cruzado el umbral que separa la decencia de la indecencia, una vez atravesada la frontera del bien y el mal, el hombre es libre de escoger de donde estar. Paul siguió inclinándose hacia la más pura maldad. Y durante el verano de 1990, se obsesionó con Tammy Homolka, la hermana de su prometida. 

La espiaba, se masturbaba mientras ella dormía, olía su ropa interior usada y se masturbaba con la misma. Así estuvo por meses hasta que no pudo más. 

Decidió poseerla. 

Y para eso empleó la vieja táctica de emborracharla. Una vez dormida, intentó abusar sexualmente de ella. Pero justo se despabiló y cuando sus manos rígidas estaban en sus muslos ella abrió los ojos. 

LA PAREJA CRIMINAL 

Karla sospechaba que su novio era raro. Un día, cansada de misterio, lo enfrentó y le preguntó sus actividades nocturnas y su estilo de vida extraño. 

Paul, sabedor de que Karla lo amaba con locura, le confesó todo: su necesidad visceral de atacar mujeres, violarlas y golpearlas. 

Karla se sintió horrorizada, no podía creer que su príncipe azul era en realidad un demonio. Pero cuando él dijo de separarse y abandonarla no pudo resistirlo. 

Y decidió apoyarlo en su siniestro sendero de crimen. En ese momento, Karla y Paul se volvieron cómplices. 

Y la complicidad ahondó en la criminalidad. 

LA CACERIA NOCTURNA DE PAUL 

Paul era un dominador. Le decía a Karla qué comer, cómo vestirse y cómo comportarse. Además, ella no ponía reparos cuando llegaba la noche y él salía de “cacería”, eufemismo que le encantaba utilizar a Paul. 

Aquí se junta el problema de la baja autoestima de Karla y la personalidad arrolladora y perversa de un psicópata. 

Por eso, en su diario, Karla escribía: 

 “No debo contrariar a Paul. Debo sonreír siempre que esté junto a él. Recuerda que eres tonta. Recuerda que eres fea”. 

Cuando llegaba de madrugada a la casa, le contaba a Karla sus aventuras sexuales. Escandalizada, oía los sórdidos detalles que le relataba en cuanto a sus víctimas. El nivel de resistencia que ofrecían. Cómo les obligaba a hacer lo que quería.



Pero pese a sus “cacerías”, seguía obsesionado con la hermana de Karla. Y un día decidió convencer a ésta que si lo amaba de verás, debía ayudar a desvirgar a su hermanita de 15 años. Indignada, humillada, con la autoestima por el suelo, Karla accedió, como todo. 

COMPLICE DEL DELITO 

Lo haría. Se lo había prometido. Le entregaría a su pequeña hermana. Es más: le administraría Diazepam para dormirla, y de esta manera Paul podría abusarla sin complicaciones. 

Y al mismo tiempo que proyectaban su boda, con lujo de detalles, planeaban la violación de Tammy. 

Llegó el 23 de diciembre de 1990 y Karla y Paul le pusieron píldoras para dormir en la bebida de ron de Tammy. 

Enseguida perdió la conciencia. 

La pareja la desnudó, y para asegurarse que no despertaría, Karla le puso un pañuelo empapado en Halotano en la nariz. 

Karla se justificaría diciendo que hizo todo esto porque ella no era virgen cuando la conoció Paul, y a modo de obsequio, por el amor que tenía por Paul, decidió regalarle la virginidad de su hermanita. 

Pero no sólo la violó Paul, sino que lo hizo mientras Karla lo filmaba en video. Y todo esto, con los padres de la adolescente durmiendo un piso encima de ellos. 

Asi quedó Tammy lastimada, y finalmente falleció.
Pero las embestidas de Paul, las violentas sacudidas hicieron que la adolescente comenzara a vomitar, aún inconsciente. Y aquí se produjo el problema: no pudieron despertarla y comenzó a asfixiarse. 

Llamaron al 911 y escondieron toda evidencia. Pero quedó una quemadura química en el rostro de Tammy debido al Halotano. 

Tammy estuvo un par de horas en el Hospital General de St. Catharines sin recuperar la conciencia. Y así se murió. Un sueño que fue el último. 

UN RITUAL PARTICULAR 

Las evidencias eran notables. No se trató de un accidente. Pero los policías creyeron la versión de tan perfecta pareja y no cuestionaron mucho. 

La adolescente había bebido demasiado y había sufrido un coma alcohólico, asunto cerrado. El funeral se llevó a cabo con toda la religiosidad pertinente, pero en la casa, Paul y Karla hicieron otro tipo de ritual: ella se vistió como la hermana muerta mientras Paul la embestía con violencia, cámara en mano y filmándolo todo, penetrándola una y otra vez y fingiendo que era Tammy a quien penetraba. 

MÁS ABUSOS

Casa de la siniestra pareja
Si la muerte de familiar tan cercano no pudo frenar a estos siniestros criminales, uno sospecharía que no habría nada de esto mundo que pudiera hacerlo. 

Por eso, el 7 de junio de 1991, Karla trajo a una joven de 15 años a una casa que rentaban en Port Dalhousie, y aprovechando que la adolescente la admiraba enormemente, se la presentó a Paul. La drogó y se la entregó desnuda como regalo de bodas. 

La muchacha era virgen, y de nuevo Paul filmó el acceso carnal sin consentimiento. A la mañana siguiente la chica vomitaba y estaba pálida, el rostro enfermizo. Jamás sospechó que había sido violada, pensó que eran las desagradables consecuencias del alcohol. 

En agosto la siniestra pareja volvió a invitarla a pasar la noche. De nuevo, drogada y desnuda, Paul la violaba pese a que le costaba respirar a la chica. En un momento, temieron de nuevo que se les hubiera pasado la mano con la droga y llamaron al 911. 

Pero minutos más tarde se retractaron de la llamada para advertir al 911 que estaba todo bien. Los servicios de emergencia se retiraron y no hubo investigación de ninguna clase. 

Una vez más, la chica visitó a tan extraña pareja. Pero estaba vez le dijeron de tener sexo con él bajo su consentimiento. 

Incomoda, ella se asustó y terminó huyendo. 

LA TRISTE EXISTENCIA DE PAUL 

Leslie Mahaffy
Paul trabajaba robando matrículas para pasárselas a amigos que contrabandeaban cigarrillos. Solía volver a su viejo departamento y hacer un inventario de su labor delictiva. 

Un día se encontró en la puerta de su departamento a Leslie Mahaffy, una sorpresa vestida atractivamente, que se había quedado fuera de su casa ya que sus padres no estaban. 

Paul enseguida se puso a conversar con ella y con la excusa de buscar cigarrillos le insistió para que lo acompañara hasta el coche. 

Allí la obligó a subirse y juntos rodaron 53 kilómetros hasta la casa donde vivía con Karla Durante 24 horas fue sometida y violada una y otra vez. 

La filmaron siendo sodomizada. Más tarde, la asesinaron. 

Karla dijo que la estranguló. Paul que ella la asesinó con una sobredosis de Halcion. 

Como sea, ambos descuartizaron al cadáver de Leslie y envolvieron cada parte en una bolsa de plástico dejándola en el sótano. 

Colocaron cada pedazo del cuerpo en baldes con cemento y los enterraron cerca del Lago Gibson. 

EL CELEBRADO CASAMIENTO


Al fin, un 29 de junio de 1991 se casaron. Y celebraron con todo. La fiesta fue increíble. Los novios arribaron en un carruaje de ensueño, y se pasearon ante los obnubilados transeúntes. 

Y mientras esta augusta boda se llevaba a cabo, otra pareja, navegando en canoa por el lago a las costas de St. Catharines encontró los bloques de cemento. Al abrir uno de ellos se espantaron con lo que descubrieron. 

En tanto, la pareja perfecta pasaba su luna de miel en Hawaii. Destilaban felicidad, y nadie habría sospechado la oscuridad que albergaban. Sus amigos solían apodarlos Ken y Barbie porque eran ambos muy atractivos y tal para cual. 

Pero lejos del ideal romántico se llevaba dicha pareja: Paul le obligaba a practicar sexo anal.

Lo hacía de forma tan violenta y sádica que le ocasionaba heridas. Además, la mordía, la abofeteaba e incluso le daba puñetazos en el rostro. Era el auténtico Christian Grey (o lo que debería haber sido). 

No contento con tal vejación, le tomaba fotos a Karla y luego se jactaba de ellas con sus amigos, divirtiéndose con imágenes donde la ataba, la amordazaba e incluso le ponía esposas. Pero a Karla le agradaba que hiciera esto.


Karla sometida y posando para la cámara de Paul


En su diario comenta que disfrutaba de estas sesiones de sexo intenso y le excitaba muchísimo que otros vieran las imágenes donde la sometían. 

NUEVO CRIMEN 

Paul y Karla deambulaban un 16 de abril de 1992 por las calles de St. Catharines cuando vieron una muchacha atractiva de pie en el estacionamiento. 

Se acercaron sigilosos y Karla increpó a la muchacha para que la ayudara con un mapa pues aparentemente estaban perdidos. 

Apenas la joven se aproximó al coche a ayudarles, Paul esgrimió su cuchillo y la sometió para que ingresara al coche. 

Fue algo increíble, pues el lugar estaba lleno de gente y la joven no amagó siquiera resistirse o correr. Más tarde encontraron un zapato y algunos cabellos en la escena del secuestro. 

La muchacha se llamaba Kristen French. 

La condujeron hasta su casa en Port Dalhousie. Y durante 3 días la sometieron salvajemente. La violaron, la torturaron, y finalmente la estrangularon. Karla confesaría más tarde que demoraron 7 minutos exactamente en estrangularla. Y ella observó toda la escena. 

El cuerpo de la joven fue lanzado a una zanja en Burlington. Muy cerca de donde habían enterrado a Leslie.

Kristen con su mascota.


LA CAPTURA DE LOS ASESINOS 

El 30 de abril de 1992 fue encontrado el cadáver de Kristen French. Pero ninguna pista conducía a la pareja. Inclusive los testigos que vieron el coche de Paul lo confundieron con otro modelo y jamás se pudo hilar algo que condujera a ellos. 

Pero la muerte de esta joven causó conmoción. Y enseguida se lanzaron teorías y sospechosos. Y entre ellos, unos de los mejores amigos de Paul, le dijo a una familia donde uno era policía, que creía que Paul era un regio sospechoso del crimen de Kristen French.

Y el comentario caló en el humor de esa familia. Y más cuando dijo que creía que su amigo había violado a una mujer en el sótano de su casa mientras su flamante esposa estaba arriba cocinando. 

El policía comenzó a sospechar del rumor, y el 12 de mayo un sargento lo interrogó a Paul. Pero la policía concluyó que como sospechoso era muy poco probable. Paul ya había sido interrogado con anterioridad por las violaciones de Scarborough y sabía cómo mentir y de qué forma actuar con la máxima frialdad. 

Tres días más tarde se creó una comisión para investigar estos crímenes de menores de edad. Sin embargo, no podían dar con nada. 

El sendero de muertes habría de crecer y las violaciones aumentar con el paso del tiempo, debido a la total impunidad de su autor. Incluso las pruebas de ADN no lograron inculpar a Bernardo quien había tomado precauciones cuando cometió sus crímenes. 

Pero el giro de esta historia vino por el único lugar donde podía venir: la propia pareja. 

El quiebre de uno de ellos. De Karla. 

Paul comenzó a golpearla, con episodios de violencia cada vez más terribles. En una ocasión la familia de Karla se la llevó lejos de él, pero ella regresó. Y cuando volvieron a recrudecer los ataques de Paul, ella lo denunció por agresión.

Karla golpeada por Paul


Y más tarde, cuando fue absuelto por buen comportamiento y volvió a golpearla como revancha, ella se quebró. 

Confesó todo a los policías que la vinieron a socorrer en su casa: confesó los crímenes, todo. 

El vicio de Paul llegaba a su fin. 

LA COMPLICE: KARLA 



Karla contrató al abogado George Walker. Se divorció de Paul y lo denunció sin piedad. Hasta ese momento el diablo era Paul y ella una mera sumisa y una víctima más en la orgia de sangre y sexo de su marido. 

Eran necesarios los videos de los abusos para que todo cerrara en el testimonio de Karla. Las pruebas con respecto a las violaciones eran pobre. Paul podía zafar. 

Pero el 30 de abril de 1993 Paul mandó a sus abogados Ken Murray y Carolyn MacDonald a buscar en su casa en un compartimiento secreto (que la policía no sospechó y jamás localizó, pese a estar 71 días hurgando en su hogar) donde estaban los videos filmados por ellos. 

En las filmaciones se observaban las torturas y violaciones a las que habían sometido a las chicas Leslie Mahaffy y Kristen French. Demostraban, sin lugar a dudas, que Karla estaba implicada en los crímenes. Que no había sido una espectadora pasiva, sino todo lo contrario. 

El 5 de mayo, un día después de su cumpleaños, sentenciaron a Karla a 12 años de cárcel. Tenía una semana para evaluar si accedía a la pena o la rechazaba, en caso de negarse sería acusada de dos asesinatos en primer grado. 

Karla aceptó, por intermedio de su abogado, la sentencia. 

Los abogados de Paul habían visto los videos y los habían usado para culpar a la ex pareja de su defendido. En la defensa, Paul declaraba que él se “divertía” violando a sus víctimas, pero su esposa, Karla, era la asesina: las mataba por envidia, celos, vaya uno a saber. 

Pero bajo la apariencia de mujer maltratada física y psicológicamente, la corte no tomó en cuenta la clase de crímenes que había accedido cometer Karla y se enfocó en su aspecto como víctima en lugar de victimaria. 

El 1 de septiembre de 1995 Paul fue sentenciado a perpetua. Y Karla recibió una condena de 12 años de prisión. 

El 4 de julio de 2005 Karla fue puesta en libertad. Lo primero que hizo fue dar entrevistas insistiendo en su inocencia y la manipulación que había ejercido su ex esposo. 

Antes de ser liberada, Paul volvió a decir en entrevistas que ella mató a las víctimas. Que incluso a una le inyectó una burbuja de aire en el torrente sanguíneo produciendo así una embolia. Pero nada. 

Actualmente Karla está casada de nuevo y vive en Las Antillas, junto a su hijo y su actual marido: Thierry Bordelais.

Probablemente los fantasmas del pasado la acosen todas las noches con aullidos lastimeros desde el sótano.