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Sartre y el sinsetido de la vida

Imagen AFP  

 
“Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”, aquella sentencia lapidaria es de Sartre de su imperdible libro La Náusea. 

Y en cierta medida es la aceptación del ateísmo con toda su responsabilidad. Es cierto, Sartre afirmaba que no había sentido a la vida. Lo mismo que Schopenhauer reflexionaba cuando refería: 

“En el fondo, toda individualidad es un error especial, una equivocación, algo que no debiera existir, y el verdadero objetivo de la vida es librarnos de él.” 

Estos filósofos pesimistas, en realidad hablan con verdad. Pero, aunque reconozcamos las verdades que encierran sus reflexiones, nos resistimos a ocupar el lugar que nos delegan: la no existencia. 

De una u otra manera el ser humano tiene un instinto más poderoso que todo pensamiento pesimista, y ese instinto le indica – y le ha indicado a través de milenios – una única cosa: sobrevivir. 

Por, eso, aunque sepamos que estamos por casualidad, que no hay razón de ser, y que moriremos por el azar, y que ni siquiera el Universo se salvará de este final en millones de años, respiramos. Sí, respiramos. Y si nuestro corazón late queremos seguir vivos.
 
Vibramos de emoción por una música. Y nos agrada enfrascarnos en pleitos efímeros, debates vacuos, reflexiones obligadas, búsquedas caprichosas. 

Al final, nos mueve la sangre, la gravedad, las propias leyes que nos han condenado. 

Quizá no exista una obra que tan bien defina esta pulseada con el sinsentido que La Carretera, de Cormac McCarthy, libro que recomiendo plenamente. 

Los protagonistas viven en una atmósfera apocalíptica. No hay sentido alguno para vivir, y sin embargo, luchan por existir. ¿A qué viene ese capricho? 

Con una fuerza inútil siguen caminando. Hombre y niño empujan un chango oxidado por carreteras desoladas, flanqueadas de árboles marchitos. Esqueletos humanos contemplándolos desde sus cuencas oscuras. Caníbales al acecho. 

Y siguen caminando. Incansables. Buscando un sentido a su sinsentido. Lo mismo que todos nosotros lo hacemos a diario. 

Pero la diferencia está en que nosotros creemos que servimos a alguien o a algo, que tenemos una vida en el paraíso aguardándonos, o que Dios tiene un buen plan para nosotros, pero los protagonistas de la novela no tienen nada. Han abandonado toda esperanza.

Porque la esperanza es un niño que lo ha perdido todo. 
 
Inspirado en esta novela, concebí la propia, que es HIPOTERMIA:
 
Una novela que pone en juego dos cuestionamientos, la moral humana y la fidelidad canina. Tiene un final que golpea fuerte, y que lleva inevitablemente a preguntarnos si el ser humano es capaz de tomar semejante decisión en una situación tan extrema.”
                                                                                                                                  José Valor

 
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